Leoteca - Parte de Smartick

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En su Alfabeto sobre la literatura infantil (publicado en esta misma colección) el escritor Bernardo Atxaga se lamentaba de que apenas existe una bibliografía española sobre nanas; al parecer no se la considera una poesía seria, y ni por asomo tiene la relevancia que se le da, por ejemplo, en los países anglosajones.
Existen, sí, algunas recopilaciones y estudios que se dirigen sobre todo a los educadores, a los curiosos de la cultura popular o a los padres primerizos que no desean pasar una mala noche.

Este libro no pretende ofrecer un catálogo más o menos completo de la producción de canciones de cuna en lengua española ni quiere servir como recetario para curar el llanto de los bebés que no consiguen conciliar el sueño. Aquí no hay nanas ñoñas; lo que encontraremos es una colección de poemas –de autor conocido y no anónimo– que en todos los casos aluden a la relación tan íntima que se establece entre dos personas, particularmente entre una madre y su hijo, en ese momento dulce y a veces terrible que separa el día y la noche. En ese diálogo –porque siempre es un diálogo: el niño habla a su modo– se ponen de manifiesto las alegrías y los sinsabores del día presente, y se invocan los temores y las ilusiones del día que vendrá. Los misterios que esconde la noche y que el sueño desvela son el material con el que ha trabajado la ilustradora Noemí Villamuza.

Otra característica especial que diferencia a este Libro de nanas de otros libros de nanas es que las canciones (muchas de ellas fueron musicadas) y poemas que aparecen recogidos en él no siempre han sido escritos para dormir a los bebés, sino que también los hay para despertarlos. Otros se dirigen a personas que han dejado de ser niños, e incluso hay nanas para dormir a un perro o a un caballo. ¡Y es que, caramba, todo el mundo necesita el sueño!

Libro de nanas

VV.AA

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En el marco de la Exposición Universal de París de 1889 se produjeron en la capital francesa dos acontecimientos que fueron ampliamente recogidos por la prensa de todo el mundo: la inauguración de la torre Eiffel, construida por el equipo del ingeniero que le dio nombre, y la presentación del espectáculo sobre el Salvaje Oeste protagonizado por William Frederick Cody, más conocido por el sobrenombre de Buffalo Bill, a quien precedía su extraordinaria fama.

Algún tiempo más tarde, el poeta chileno Vicente Huidobro escribió un poema, fechado en 1914, al que puso por título «El romancero de Buffalo Bill». Ha permanecido inédito y se publica ahora por vez primera al lado de otros poemas de Huidobro dedicados a la torre Eiffel y a un cowboy que, por la época en que se compuso, bien pudiera ser el mismo Will Cody.

En esta crónica, tan amena y fascinante como los sucesos que en ella se relatan, Carlos Pérez ha rescatado historias y personajes de finales del siglo XIX y del período de entreguerras del XX que son fundamentales para comprender mejor el momento presente. Mientras asistimos a un singular desfile de héroes, villanos, poetas y aventureros, el autor nos acerca a la realidad de los zoológicos humanos, del fenómeno de la colonización, de las sociedades secretas, del arte de la vanguardia y de las ideas de modernidad y progreso.

Buffalo Bill Romance cuenta con la aportación gráfica del ilustrador Dani Sanchis, cuya impronta está presente a lo largo de toda la obra, y reúne poderosas imágenes pertenecientes a la cultura popular y a la mitología infantil que para muchos lectores serán una completa sorpresa.

Buffalo Bill Romance

Carlos Pérez

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